Nuestro sondeo sobre finanzas en pareja arrojó un dato contundente: el 100% de las personas entrevistadas considera obligatorio hablar de finanzas antes de mudarse con su pareja.
No por desconfianza. No por frialdad. Sino por claridad.
Una de las respuestas más claras fue esta: hay que saber los ingresos que se tienen “para saber qué estilo de vida se puede tener”.
Vivir juntos no solo implica compartir espacio, sino compartir:
- Renta o hipoteca
- Servicios
- Supermercado
- Transporte
- Imprevistos
Hablar de dinero antes de mudarse no es desconfiar; es dimensionar la realidad.
Porque el amor puede ser abstracto, pero la renta no lo es.
No es cuánto ganan, sino cómo lo organizan
Otro punto recurrente del sondeo fue la importancia de acordar cómo dividir los gastos.
Existen distintos modelos:
- 50/50 estricto
- Proporcional a ingresos
- Uno cubre ciertos gastos, el otro otros
No hay un modelo universal correcto. Lo importante es que ambos estén de acuerdo y que exista transparencia.
Aquí es donde la organización práctica se vuelve clave. Contar con una herramienta financiera clara puede facilitar mucho la dinámica. Por ejemplo, una cuenta digital sin comisiones ni saldo mínimo permite administrar ingresos y gastos compartidos sin complicaciones adicionales. Soluciones como la Cuenta Digital Dondé pueden funcionar como base operativa para ordenar pagos, transferencias y control cotidiano.
Cuando lo operativo está claro, las discusiones disminuyen.
Metas compartidas vs. metas personales
El sondeo también reveló algo interesante: muchas parejas jóvenes no tienen metas financieras conjuntas; priorizan metas personales.
Algunos ahorran para:
- Un carro propio
- Una casa
- Equipo personal
- Viajes individuales
Otros sí mencionaron metas compartidas, como viajes a corto plazo.
La clave no es obligarse a tener todo en común, sino distinguir entre:
- Finanzas personales
- Finanzas compartidas
Separar objetivos puede evitar fricciones innecesarias. Herramientas que permiten organizar inversiones por propósito —por ejemplo, mediante apartados específicos— ayudan a visualizar claramente qué es de cada quien y qué es en conjunto. Productos como Inversión Creciente facilitan esta estructura, ya que permiten mantener inversiones organizadas por meta y plazo.
Eso convierte la conversación en planeación.
La pregunta que casi nadie hace (y debería)
¿Qué pasa si uno pierde ingresos?
Esta es una conversación incómoda, pero necesaria. Tener claridad sobre:
- Fondos de emergencia
- Ahorro disponible
- Capacidad de ajuste de gastos
puede marcar la diferencia entre una crisis financiera y una etapa manejable.
Instrumentos con plazo y tasa definidos permiten proyectar crecimiento y tener mayor certidumbre. Por ejemplo, opciones como CEDES Plus, donde se puede invertir desde montos accesibles y elegir plazo, ayudan a planear metas de mediano plazo con reglas claras.
La estabilidad financiera no elimina los problemas, pero reduce la incertidumbre.
Hablar de dinero no enfría la relación
Muchos entrevistados consideraron que hablar de amor es más difícil que hablar de dinero. Pero paradójicamente, cuando el dinero no se habla, es cuando se vuelve conflictivo.
Mudarse juntos sin conversación financiera es como mudarse sin saber cuánto cuesta la renta.
Hablar de dinero antes de vivir juntos no es una prueba de frialdad; es una muestra de madurez.
Para concluir…
Si algo dejó claro el sondeo es que las nuevas generaciones no evitan la conversación financiera: la consideran necesaria.
Vivir juntos implica más que compartir espacio. Implica compartir responsabilidades, decisiones y proyecciones.
Y para eso, la claridad financiera no es opcional.
El amor puede ser el motivo para mudarse… y la planeación financiera es lo que lo sostiene.