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Ver el Mundial no significa lo mismo para todos. Para algunos es una reunión en casa con amigos. Para otros, una temporada de salidas constantes a bares. Para unos cuantos, incluso, una inversión considerable durante varias semanas. Hicimos un sondeo con estudiantes universitarios y les preguntamos tres cosas simples: cuánto van a gastar, dónde es más barato verlo y si tienen contemplados los gastos fantasma. Esto es lo que descubrimos.

Hicimos un sondeo con estudiantes universitarios y les preguntamos tres cosas simples:
Las respuestas muestran algo revelador: casi nadie tiene un presupuesto claro, pero todos asumen que habrá gasto.
La mayoría eligió la casa como opción principal:
En principio, parece la alternativa más económica. No hay consumo mínimo, no hay traslados constantes ni precios de bar.
Sin embargo, al hablar de “gastos fantasma”, la cifra cambia.
Algunas respuestas fueron:
Cuando se suman varias semanas de torneo, pequeñas compras repetidas pueden acumularse: botana extra, bebidas, aplicaciones de apuestas, pedidos a domicilio, algún artículo conmemorativo.
Lo que parecía un gasto controlado puede duplicarse o triplicarse sin que exista un registro consciente.
Otros estudiantes contemplan alternar entre casa y bar.
Aquí el gasto cambia de escala. Un consumo promedio por salida puede rondar entre 600 y 1,000 pesos, dependiendo del lugar. Si se asiste a varios partidos por semana, el monto acumulado crece rápidamente.
Algunos estimaron cifras totales entre 10,000 y 30,000 pesos durante todo el torneo. Uno mencionó incluso 60,000 pesos.
Esto incluye no solo consumo, sino transporte, reuniones adicionales y gastos asociados.
El Mundial deja de ser un partido. Se convierte en temporada.
Varias respuestas coincidieron en:
El evento está contemplado. El gasto no.
Cuando una experiencia dura semanas, el impacto financiero se multiplica. No es una salida aislada. Es una secuencia de decisiones pequeñas que se acumulan.
Si alguien gasta 800 pesos por partido y asiste a 10 encuentros en bar, el total ya alcanza 8,000 pesos. Si agrega consumo en casa, apuestas ocasionales o artículos adicionales, la cifra puede superar fácilmente los 12,000 o 15,000 pesos.
La diferencia no está solo en dónde se ve el Mundial, sino en si el gasto está previsto o improvisado.
El torneo tiene fecha de inicio y fin. Y esto puede parecer muy obvio pero hace posible algo muy importante: permite planear.
Algunas acciones simples pueden reducir desorden financiero:
Una herramienta básica para hacerlo es usar una cuenta que permita organizar el dinero sin comisiones ni saldos mínimos obligatorios. En ese sentido, la Cuenta Digital Dondé facilita separar recursos destinados al Mundial sin mezclarlos con el gasto cotidiano.
Si alguien sabe que gastará entre 3,000 y 10,000 pesos durante el torneo, puede comenzar a apartarlos desde meses antes. Productos como Mi Ahorro Dondé o Inversión Creciente permiten estructurar ese monto con reglas claras y un objetivo definido.
En los casos donde el presupuesto estimado es más alto —10,000, 30,000 o incluso 60,000 pesos— la conversación cambia. Ahí ya no se trata solo de ahorrar, sino de organizar el dinero con instrumentos que generen rendimiento mientras se espera el inicio del torneo, como CEDES Plus.
El sondeo muestra algo sencillo: el Mundial es una emoción colectiva, pero la economía personal no desaparece durante esas semanas.
Si el consumo va a ocurrir, puede hacerse de manera estructurada.
Incluso dentro de dinámicas como Golazo Dondé, el uso cotidiano de la cuenta —pagos, ahorro, inversión— puede generar beneficios adicionales conforme a las reglas vigentes de la campaña. Esto convierte movimientos financieros habituales en parte de una estrategia más amplia.
El gasto no desaparece: se administra.
El Torneo de países dura algunas semanas. El impacto financiero puede extenderse más allá.
Entre ver todos los partidos en casa con presupuesto controlado o convertir cada encuentro en salida sin límite hay una diferencia considerable. En ese sentido, el sondeo claramente no mostró rechazo al gasto, sino una ausencia de planeación.
El marcador no solo está en la pantalla. También está en la forma en que se administran esas semanas de emoción colectiva.
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