08 Mar 26

Cómo se ve la libertad financiera en mujeres: decisiones, autonomía y control sobre el dinero

La libertad financiera suele entenderse como una meta de largo plazo: un momento en el que las personas logran estabilidad económica y pueden tomar decisiones con tranquilidad. Sin embargo, en la práctica muchas veces comienza mucho antes, con experiencias cotidianas que cambian la forma en que se percibe y se administra el dinero. Para conocer cómo se construye esa independencia en la vida real, conversamos con distintas mujeres de nuestro equipo sobre su relación con el dinero. Sus respuestas muestran que la libertad financiera no aparece de forma repentina, sino que se construye gradualmente a partir de decisiones, hábitos y oportunidades.

El momento en que aparece el control sobre el dinero

Una de las preguntas más importantes cuando se habla de independencia financiera es cuándo una persona empieza a sentir que tiene verdadero control sobre su dinero. Ese momento no siempre coincide con un aumento de ingresos; muchas veces está relacionado con la posibilidad de tomar decisiones propias.

Para Carmen, Head of Growth & GTM, ese punto llegó muy temprano. A los 15 años comenzó a organizar fiestas infantiles como un pequeño emprendimiento. Aquella actividad representó más que una fuente de ingresos: fue la primera vez que obtuvo dinero que no provenía de su familia.

En el caso de Gabriela, Especialista en comunicación y marketing, la experiencia ocurrió durante la universidad, cuando consiguió su primer trabajo como becaria alrededor de los 19 o 20 años. A partir de entonces empezó a administrar un ingreso propio y a tomar decisiones sobre él.

Rosa, Subdirectora Jr. de Asuntos Corporativos, recuerda que su sensación de independencia llegó con su segundo empleo, cuando el salario mejoró y apareció una sensación clara de empoderamiento.

Paula, Abogada Corporativa, comenzó a experimentar ese control mientras todavía estudiaba, alrededor de los 22 años, cuando empezó a trabajar y a organizar sus gastos.

Silvia, Subdirectora de mercadotecnia, ubica ese momento a los 25 años, cuando consiguió su primer empleo después de terminar la universidad.

Para Sandra, Directora General de Asuntos Jurídicos, la independencia financiera comenzó con algo aparentemente sencillo: abrir una cuenta bancaria a los 20 años. Tener un espacio propio para administrar su dinero transformó la manera en que organizaba sus finanzas.

Cuando las decisiones financieras se vuelven personales

La independencia financiera no solo cambia cuánto dinero se tiene, sino también cómo se toman las decisiones relacionadas con él.

Paula explica que lo primero que cambió fue la posibilidad de decidir en qué gastar su dinero: distinguir entre un gusto personal, una necesidad o una prioridad.

Silvia comenzó a llevar un registro mensual de sus gastos en una hoja de cálculo y a separar siempre una pequeña parte para el ahorro. Con el tiempo, ese hábito le permitió planear viajes y cumplir objetivos personales.

Para Viridiana, Community Manager, el cambio más importante fue empezar a pensar activamente en ahorrar y administrar su dinero con mayor intención.

Rosa recuerda que ese proceso también implicó asumir mayor responsabilidad en sus decisiones económicas.

Sandra destaca que aprender a organizar sus gastos fue un paso clave para lograr mayor estabilidad.

En el caso de Carmen, la independencia económica también significó algo más amplio: explorar intereses propios y descubrir nuevas posibilidades personales.

Consejos entre mujeres para construir independencia financiera

Al preguntar qué consejo darían a otras mujeres que buscan construir su independencia financiera, muchas respuestas coincidieron en la importancia de empezar con hábitos simples y constantes.

Silvia sugiere comenzar identificando los llamados “gastos hormiga” y transformarlos en ahorro.

Sandra insiste en la importancia de ahorrar de manera constante, incluso si las cantidades son pequeñas.

Paula recomienda pensar cuidadosamente en qué se gasta el dinero y mantener siempre un fondo destinado a imprevistos.

Viridiana destaca la importancia de mantener autonomía en las decisiones relacionadas con el dinero y no delegar el control financiero en otras personas.

Rosa considera que la independencia financiera también implica disfrutar la sensación de empoderamiento que trae consigo, pero orientarla hacia metas futuras.

Carmen agrega que la independencia no consiste únicamente en ahorrar, sino también en establecer objetivos claros e invertir para alcanzarlos.

Gabriela comparte una reflexión que muchas personas descubren con el tiempo: renunciar a algunos gastos inmediatos puede ayudar a construir metas más grandes a largo plazo.

Qué significa realmente la libertad financiera

Cuando se pidió a las entrevistadas definir qué significa para ellas la libertad financiera, las respuestas se enfocaron menos en cifras y más en sensaciones.

Para Viridiana, significa poder decidir cómo administrar sus gastos.

Paula la define como la posibilidad de usar su dinero de acuerdo con sus propios objetivos.

Silvia la describe como la tranquilidad de poder respirar sin preocupaciones financieras constantes.

Carmen la relaciona con la posibilidad de desarrollar el propio potencial y construir proyectos personales.

Gabriela habla de plenitud y tranquilidad.

Rosa la resume en una sola palabra: paz.

La brecha financiera de género en México

Las experiencias compartidas también reflejan una realidad más amplia. En México, muchas mujeres enfrentan mayores obstáculos para acceder y gestionar recursos financieros.

De acuerdo con la Encuesta Nacional de Inclusión Financiera (ENIF) 2021, elaborada por la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV) y el INEGI, aproximadamente 49% de las mujeres en México tiene al menos una cuenta financiera formal, mientras que entre los hombres la cifra se acerca al 56%.

La brecha también se observa en los ingresos. Datos del INEGI indican que las mujeres en México perciben en promedio entre 14% y 18% menos ingresos laborales que los hombres en puestos comparables.

A esto se suma el tiempo dedicado a trabajo no remunerado. Las estadísticas del INEGI muestran que las mujeres dedican más del doble de tiempo que los hombres al trabajo doméstico y de cuidados, lo que puede limitar su participación en el mercado laboral y su acceso a ingresos estables.

En este contexto, ampliar el acceso a herramientas financieras se vuelve un elemento clave para reducir estas diferencias y facilitar la construcción de autonomía económica.

El papel de las herramientas financieras

Contar con productos financieros accesibles puede marcar una diferencia importante en la forma en que las personas organizan su dinero.

Abrir una cuenta bancaria, establecer objetivos de ahorro o utilizar instrumentos de inversión permite transformar metas personales en planes concretos.

En este sentido, instituciones financieras con enfoque social buscan ampliar el acceso a servicios financieros para más personas. Banco Dondé, por ejemplo, se ha posicionado como un banco social mexicano, cuyo objetivo es acercar herramientas financieras que permitan a las personas administrar mejor su dinero, ahorrar y construir estabilidad económica.

El acceso a cuentas digitales, productos de ahorro o alternativas de inversión facilita que cada vez más personas —y particularmente más mujeres— puedan tomar decisiones informadas sobre su dinero y planear su futuro financiero.

Una idea que se repite

Las conversaciones con las mujeres de nuestro equipo muestran que la libertad financiera no tiene una sola forma.

Puede comenzar con un emprendimiento adolescente, con el primer trabajo, con una beca universitaria o con la apertura de una cuenta bancaria.

Pero en todos los casos aparece un elemento común, la posibilidad de decidir:

Decidir cómo usar el dinero.
Decidir qué metas perseguir.
Decidir qué tipo de vida se quiere construir.

Para muchas mujeres, la libertad financiera no se mide únicamente en números.

Se mide en la tranquilidad de saber que pueden tomar decisiones sobre su propio futuro.

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