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El 42% de las mujeres en México tiene estrés financiero alto, contra el 31% de los hombres (ENSAFI 2023). Además, dedican 39.7 horas a la semana al trabajo doméstico y de cuidados sin pago (ENUT 2024). Banco Dondé te explica de dónde viene esa presión y 4 pasos para recuperar el control.

Administrar el dinero de una familia implica mucho más que pagar las cuentas. Para muchas mujeres que sostienen su hogar en México, significa decidir cómo distribuir cada peso entre la despensa, la renta, los servicios, la educación de sus hijos, el transporte y los gastos que aparecen sin previo aviso. Y cuando los ingresos no alcanzan para cubrirlo todo, la preocupación se vuelve parte del día a día.
Esta presión es lo que se conoce como estrés financiero. Se presenta cuando la situación económica genera preocupación, ansiedad o incertidumbre, ya sea por las deudas, por la dificultad para cubrir los gastos cotidianos o por el temor de no contar con dinero suficiente ante una emergencia.
Para muchas, el dinero es solo una parte de la carga. La otra es el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado: cocinar, limpiar, cuidar a hijas, hijos o personas mayores. Es trabajo, aunque nadie lo pague. Según la Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo (ENUT) 2024 del INEGI, las mujeres le dedican 39.7 horas a la semana al trabajo doméstico, de cuidados y voluntario. Los hombres, 18.2.
Además de la preocupación por los gastos y los ingresos, la Encuesta Nacional sobre Salud Financiera (ENSAFI) 2023, del INEGI y la CONDUSEF, identificó consecuencias físicas y psicológicas asociadas al estrés financiero. Entre ellas se encuentran los dolores de cabeza, los problemas gastrointestinales y las dificultades para dormir o alimentarse. El 34.9% de la población reportó al menos un malestar físico por esta causa.
En México, el 42% de las mujeres presenta un nivel de estrés financiero alto, una cifra que contrasta con el 31% de los hombres, según la ENSAFI 2023. Con esos mismos datos, la CONDUSEF destacó en septiembre de 2026 que el 62% de las mujeres señala que nunca le sobra dinero al final del mes y que ellas concentran el 55% del gasto mensual del hogar.
Estas cifras hablan de las mujeres en general, no de un grupo específico. Permiten dimensionar el problema y muestran que la presión económica las afecta de manera importante y que merece atención tanto desde las finanzas personales como desde las condiciones económicas y sociales.
El estrés financiero de las mujeres en México es el resultado de condiciones estructurales que se acumulan. La primera es la brecha de ingresos: el 46.7% de las mujeres ocupadas percibe hasta un salario mínimo, frente al 34.0% de los hombres, según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) del INEGI, con datos de 2025.
Por otro lado, las mujeres tienen un menor acceso a productos financieros. Solo el 72.8% de las mujeres tiene al menos un producto financiero, frente al 80.9% de los hombres (ENIF 2024, INEGI y CNBV). Además, el 55.9% de las mujeres ocupadas trabaja en la informalidad, lo que suele significar no tener seguridad social y tener menos acceso a crédito formal y ahorro.
Hay un costo más que no aparece en ningún recibo. En 2024, el trabajo no remunerado de los hogares valió el equivalente al 23.9% del PIB, y las mujeres aportaron el 72.6% de ese valor, según la Cuenta Satélite del Trabajo No Remunerado del INEGI. En promedio, cada mujer hizo trabajo por 82,339 pesos al año que no recibió como ingreso. Son horas que no se dedican a un empleo pagado y que no cuentan para el retiro.
A esto se suma lo que la CONDUSEF llama el "ciclo tóxico de las finanzas": los ingresos se destinan primero al consumo, luego al pago de deudas, y así la escasez vuelve a aparecer, lo que genera una presión constante por incrementar los ingresos. No es un problema de un mes. Se convierte en un patrón que se repite.
Ser responsable de un hogar implica tomar decisiones económicas todos los días. El problema aparece cuando las necesidades que deben cubrirse son mayores que los recursos disponibles, o cuando no existe un margen suficiente para enfrentar cambios inesperados. Cuando una mujer sostiene su hogar, algunas situaciones pueden aumentar esa presión.
Cuando una mujer es la principal responsable de los ingresos del hogar, debe distribuir el dinero para cubrir las necesidades básicas, y cuando no alcanza, cada decisión puede convertirse en una disyuntiva. Pagar un recibo puede significar aplazar una compra necesaria. Cubrir un gasto escolar puede implicar utilizar el dinero reservado para otra obligación. Esta situación desgasta porque no se trata de elegir entre gastos prescindibles, sino de decidir qué necesidad atender primero.
Las mujeres que trabajan por cuenta propia y reciben ingresos variables pueden enfrentar dificultades adicionales para organizar sus finanzas. Aunque en un mes reciban suficiente dinero, no siempre pueden anticipar cuánto ingresará el siguiente. Esto complica la planeación de pagos fijos y puede generar preocupación ante cualquier disminución de ingresos. Por eso, un presupuesto útil debe considerar no solo cuánto dinero se recibe en un mes favorable, sino también qué hacer cuando los ingresos bajan.
Además de generar ingresos, muchas mujeres se encargan de organizar citas médicas, atender necesidades escolares, preparar alimentos y coordinar las actividades familiares. Es la doble jornada: en total, las mujeres trabajan 61.1 horas a la semana, tres más que los hombres, y dos de cada tres de esas horas son sin pago (ENUT 2024). Estas responsabilidades requieren tiempo y energía, y pueden limitar las oportunidades de acceder a empleos con mejores ingresos, ampliar una jornada laboral o dedicar tiempo a la capacitación.
Por eso, el estrés financiero no siempre se resuelve con una lista de gastos. También es importante reconocer cómo se reparte en casa el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado, así como las posibilidades reales que tiene cada mujer para aumentar sus ingresos o disponer de tiempo propio.
No existe una fórmula que elimine todas las dificultades económicas. Sin embargo, hay medidas que te pueden ayudar a entender mejor tu situación, organizar prioridades y reducir parte de la incertidumbre.
El primer paso es conocer la situación financiera real del hogar. Anota los ingresos que recibes y los gastos del mes, incluyendo aquellos que parecen pequeños, como compras ocasionales, transporte adicional o suscripciones.
Después, separa los gastos en tres grupos:
El objetivo es entender a dónde va el dinero y detectar si existe algún gasto que puedas ajustar sin comprometer necesidades importantes.
Cuando hay varias obligaciones pendientes, puede ser difícil decidir cuál atender primero. Para organizarte, identifica las fechas límite, las consecuencias de retrasarte y los gastos indispensables para mantener el funcionamiento del hogar.
Prioriza las necesidades básicas y las obligaciones que puedan generar consecuencias importantes por falta de pago. Si no puedes cubrir una mensualidad, comunícate con la institución acreedora para conocer las opciones disponibles antes de asumir otra deuda para pagarla.
Si las mensualidades están consumiendo una parte importante de tus ingresos, reúne la información de cada deuda: saldo pendiente, tasa de interés, pago mínimo y fecha límite.
Con esos datos puedes identificar cuáles son más costosas y preguntar a la institución si existen opciones de reestructuración o planes de pago. Antes de aceptar una nueva alternativa, compara el costo total, los intereses, las comisiones y el plazo. Y evita cubrir una deuda con un préstamo informal: suele salir mucho más caro.
A veces, el problema no está en cómo se distribuye el dinero, sino en que el ingreso es insuficiente para cubrir los gastos indispensables.
En ese escenario, además de revisar el presupuesto, puede ser útil investigar programas sociales vigentes, apoyos para madres trabajadoras, servicios de cuidado, capacitación laboral o alternativas para mejorar las oportunidades de empleo.
La educación financiera ofrece herramientas para comprender conceptos como el presupuesto, el ahorro, el crédito, los seguros y la prevención de fraudes. También ayuda a comparar productos, reconocer costos y tomar decisiones con información más completa.
En México, la Semana Nacional de Educación Financiera (SNEF), organizada por la CONDUSEF, busca acercar estos conocimientos a la población mediante actividades, conferencias y recursos educativos. En 2026 se realizó del 15 al 18 de octubre y, del 19 al 23 de octubre, sus Conferencias de Educación Financiera en Instituciones Educativas (CEFIE) llevaron 857 conferencias a 428 escuelas. Su plataforma virtual sigue abierta hasta el 31 de marzo de 2027.
Estas acciones también son relevantes para las familias: hablar de dinero desde edades tempranas puede ayudar a construir hábitos de planeación, ahorro y consumo responsable.
Aun así, la educación financiera por sí sola no resuelve la escasez: es una herramienta, no una solución mágica. Tampoco consiste en responsabilizar a cada persona de resolver por sí sola todos sus problemas económicos. Su valor está en ofrecer herramientas para decidir mejor, identificar riesgos y aprovechar las opciones disponibles.
Si las preocupaciones financieras se han vuelto parte de tu rutina, intenta comenzar con una acción pequeña y concreta. No necesitas resolver toda tu situación en un solo día. Puedes dedicar unos minutos a revisar tus próximos pagos, anotar cuánto dinero tienes disponible o identificar una deuda que necesites atender.
Si el problema es que los ingresos no alcanzan para cubrir las necesidades básicas, reconoce esa realidad sin culparte. En esos casos, buscar apoyo económico, social o profesional también forma parte de cuidar tus finanzas.
Sostener un hogar implica tomar muchas decisiones y hacer mucho trabajo por el que nadie te paga. Tu bienestar también debe formar parte de esas prioridades.
Si al hacer el paso 1 te queda un margen, aunque sea de unos pesos, ayuda tenerlo separado del dinero del gasto diario para que no se vaya en la quincena. Si hoy no queda nada, empieza por los otros pasos; este puede esperar. Si quieres comparar opciones, aquí explicamos cómo elegir dónde ahorrar según tu meta.
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Aquí aplica lo mismo que con la educación financiera: es una herramienta, no una solución mágica. Hoy su rendimiento no le gana a la inflación: GAT nominal de 3.04% y GAT real de -1.05%, antes de impuestos, con fecha de cálculo al 1 de octubre de 2026 y vigencia al 30 de diciembre de 2026. La GAT real es lo que ganarías después de descontar la inflación estimada. Por eso sirve para guardar aparte un colchón, no para hacer crecer tu dinero, y no sustituye un ingreso que no alcanza.
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Es la preocupación, ansiedad o incertidumbre que genera la situación económica: deudas, gastos que no se alcanzan a cubrir o el miedo a no tener dinero ante una emergencia. Puede causar dolores de cabeza, problemas gastrointestinales y dificultades para dormir.
Según la ENSAFI 2023, el 42% de las mujeres tiene estrés financiero alto, contra el 31% de los hombres. Influyen ingresos más bajos, menos acceso a productos financieros, más trabajo informal y más horas de trabajo doméstico y de cuidados sin pago: 39.7 a la semana, contra 18.2 de los hombres (ENUT 2024).
Es el trabajo doméstico y de cuidados que se hace para el propio hogar sin recibir pago: cocinar, limpiar, hacer compras, cuidar a niñas, niños, personas mayores o enfermas. No es lo mismo que el trabajo de las personas trabajadoras del hogar, que sí reciben un pago y tienen derechos laborales.
Anota cuánto entra y cuánto sale, ordena tus pagos por prioridad y revisa tus deudas antes de pedir otro crédito. Si el ingreso no cubre lo básico, busca programas sociales, servicios de cuidado o capacitación.
Primero, habla con la institución que te prestó para conocer opciones de reestructuración o planes de pago. Si tienes un problema con una institución financiera, puedes acudir a la CONDUSEF.
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